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El Enigma De La Esfinge


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  • El Enigma De La Esfinge

    El apócrifo Libro de Enoc dice que hubo ángeles que consintieron en caer de los cielos para tener contacto con las hijas de la tierra. "Pues en aquellos días los hijos de los hombres se habían multiplicado, naciéndoles hijas de gran belleza. Y cuando los ángeles, o hijos de los cielos, las vie-ron, se llenaron de deseos; entonces se dijeron: 'Vamos, escojamos esposas entre la raza del hombre, y engendremos hijos'. Su jefe, Samyasa, res-pondió entonces, diciendo: 'Tal vez os falte el valor necesario para cumplir esta decisión, y entonces yo solo deberé responder por vuestra caída'. Pero ellos juraron que de ningún modo se arrepentirían y que llevarían a cabo totalmente su propósito. Fueron 200 los que descendieron sobre el Monte Armón, y fue desde entonces que esa elevación recibió su designación, que significa Monte de Juramento.

    De allí en adelante siguen los nombres dé aquellos ángeles jefes que descendieron con este objeto: Samyasa, jefe supremo, Urakabarameel, Azibeel, Tamiel, Ramuel, Danel, Azkeel, Sa-rakuyal, Asael, Armers, Batraal, Anane, Zavebe, Sansaveel, Ertrael, Tu-rel, Jomiael y Arazial. Tomaron esposas, con las que tuvieron contacto, y a las que también enseñaron la Magia, el arte del encantamiento y las diversas propiedades de las raíces y los árboles. Amazarac instruyó sobre todos los secretos de los hechiceros; Barkaial fue maestro de quienes es-tudian las estrellas; Akibeel reveló los signos; y Azaradel enseñó los movimientos de la luna".

    Esta leyenda del Libro cabalístico de Enoc es un relato distinto de la misma profanación de los Misterios que hallamos bajo otra forma sim-bólica en la historia del pecado de Adán. Aquellos ángeles, los hijos de Dios, de quienes habla Enoc, fueron iniciados en la Magia, y la comu-nicaron a los profanos, empleando mujeres incautas como instrumentos. Hendieron la roca del atractivo sensual, se enamoraron del sexo femeninoy les fueron sonsacados desprevenidamente los secretos de la realeza y el sacerdocio. La civilización primitiva se derrumbó como consecuencia de ello; los gigantes, símbolo de fuerza bruta y apetito indomable, lucharon juntos por el mundo, que sólo se libró por inmersión en las aguas del Di-luvio; simbolizaba la confusión universal a que fue llevada necesariamente la humanidad al ignorar y menoscabar las armonías de la Naturaleza. Hay afinidad entre la caída de Samyasa y la de Adán; a ambos los sedujo la lujuria; ambos profanaron el Arbol del Conocimiento; y ambos fueron apartados del Arbol de la Vida. No es menester discutir aquí las opi-niones, o más bien la simplicidad, de quienes encaran todo literalmente y creen que el conocimiento y la vida manifestáronse otrora bajo forma de árboles: más bien reconozcamos solamente el hondo significado de los símbolos sagrados.

    Cuando se come su fruto, el Arbol del Conocimiento inflige realmente muerte; ese fruto es el adorno de este mundo; las manzanas doradas son el resplandor de la tierra. En la Biblioteca del Arsenal hay un curiosísimo manuscrito titulado

    El Libro de la Penitencia de Adán, y allí la tradición cabalística se pre-senta bajo el disfraz legendario de este tenor: "Adán tuvo dos hijos: Caín, que significa la fuerza bruta, y Abel, el tipo de inteligencia y suavidad. Era imposible que concordaran; se mataron mutuamente; y su herencia pasó a un tercer hijo, llamado Seth". He aquí el conflicto de dos fuerzas opuestas desviadas para beneficio de una fuerza sintética y unida. "Ahora bien, a Seth, que era justo, le estaba permitido acercarse hasta la entrada del Paraíso Terrenal, sin que le amenazase el Querube de espada flamígera". En otras palabras, Seth representaba la iniciación prístina.



    "De esta manera sucedió que Seth vio el Arbol del Conocimiento y el Arbol de la Vida, asociados de tal manera que formaban un solo árbol", que significa la armonía de la ciencia y la religión en la Cabala trascen-dental. "Y el ángel le dio tres semillas que contenían el poder vital de dicho árbol". Aquí se hace referencia a la tríada cabalística.

    "Cuando Adán murió, Seth, acatando las directivas del ángel, puso las tres se-millas en la boca de su padre, como prenda de vida eterna. Los bro-tes nacidos de aquéllas se convirtieron en la Zarza Ardiente, en medio de la cual Dios comunicó a Moisés su Nombre Eterno:—que significa El Que es y El Que vendrá. Moisés arrancó una rama tri-ple de la zarza sagrada y la utilizó como su vara milagrosa. Aunque se-parada de su raíz, la raza siguió viviendo y floreciendo, y luego fue pre-servada en el Arca. El Rey David plantó la rama en el Monte Sión, y Salomón tomó madera de cada parte del triple tronco para confeccionar los dos pilares, Jachin y Boaz, que fueron ubicados a la entrada del Tem-plo. Fueron cubiertos con bronce, y la tercera parte fue insertada en el umbral de la puerta principal. Era un talismán que impedía que las cosas inmundas penetrasen.

    Pero ciertos inicuos levitas quitaron durante la noche este obstáculo para su libertad impía y, cargado de piedras, lo arrojaron al fondo del depósito de agua del Templo. De allí en adelante un ángel de Dios agitó las aguas del estanque, impartiéndoles valor milagroso, para que de ese modo los hombres se distrajesen y no buscasen el árbol de Salomón en el fondo. En la época de Jesucristo el estanque fue limpiado y los judíos, al hallar el tronco, que para sus ojos parecía inú-til, lo llevaron fuera de la ciudad y lo cruzaron sobre el río Cedrón. Nues-tro Salvador pasó por este puente luego de ser arrestado por la noche en el Huerto de los Olivos. Sus verdugos le arrojaron de allí al agua; luego, en su precipitación para preparar el instrumento principal de Su pasión, se llevaron el tronco, que era de tres clases de madera, y con él forma-ron la cruz."



    Esta alegoría abarca todas las grandes tradiciones de la Cabala y la doctrina cristiana secreta de San Juan, ahora totalmente desconocida. Dice también que Seth, Moisés, David, Salomón y Cristo obtuvieron del mismo Arbol cabalístico sus cetros reales y cayados pontificios. De esta manera podemos entender porqué Cristo fue adorado por los Magos en Su pe-sebre. Sin embargo, recurramos al Libro de Enoc, pues a éste puede atri-buírsele mayor autoridad que a un manuscrito desconocido; el primero es citado en el Nuevo Testamento por el Apóstol San Judas.



    La tradición refiere la invención de las letras a Enoc, y es por tanto a él a quien de-bemos retrotraer las doctrinas incluidas en el Sepher Yetzirah, que es la obra elemental de la Cabala, cuyo recopilador —según los rabinos— fue el patriarca Abraham, heredero de los secretos de Enoc y padre de la iniciación de Israel. Así, Enoc parecería idéntico al Hermes Trismegisto egipcio, mientras el famoso Libro de Thoth, escrito integralmente en jero-glíficos y números, sería la Biblia oculta, anterior al libro de Moisés y llena de misterios, a la que el iniciado Guillermo Postel alude con tanta frecuencia en todas sus obras, bajo el título de Génesis de Enoc. La Biblia dice que Enoc no murió y que Dios lo trasladó de una vida a otra. Debe volver para confundir al Anticristo al fin de los tiem-pos; entonces será uno de los últimos mártires, o testigos de la verdad, mencionados en el Apocalipsis de San Juan. Lo dicho sobre Enoc a este respecto fue también expresado sobre todos los grandes iniciadores re-gistrados en el cabalismo.

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    El mismo San Juan, según los cristianos pri-mitivos, fue salvado de la muerte, y durante mucho tiempo se enseñó que era posible verle respirar en su tumba. La explicación es que la ciencia absoluta de la vida preserva contra la muerte, como lo indujera siempre a adivinar el instinto del pueblo. Sea esto como fuere, las constancias de Enoc están contenidas en dos libros, uno jeroglífico y el otro alegórico. El primero abarca las claves hieráticas de iniciación, el segundo es la his-toria de una gran profanación que provocó la destrucción del mundo y el reino del caos después del de los gigantes. San Metodio, obispo de los primeros tiempos del cristianismo, cuyos escritos se hallan en la colección de los Padres de la Iglesia, dejó un Apo-calipsis profético que desarrolla la historia del mundo en una serie de vi-siones.



    No está incluido entre los escritos reconocidos del santo, pero los gnósticos lo preservaron y fue impreso en el Liber Mirabilis bajo el nom-bre supuesto de Bermechobus, que editores ignorantes substituyeron en lugar de Bea-Methodius, abreviación de Beatus Methodius. En diversos as-pectos este libro guarda correspondencia con el tratado alegórico titula-do La Penitencia de Adán. Narra cómo Seth emigró hacia el Este con su familia y llegó a una montaña en la vecindad del Paraíso Terrenal. Este, fue el país de los iniciados, mientras la posteridad de Caín inventó una Magia espuria o vil en la India, tierra del fratricidio, y puso la bru-jería en manos de los audaces. San Metodio predice, en un pasaje posterior, las luchas y prodominio sucesivo de los ismaelitas (nombre atribuido en su Apocalipsis a los que vencieron a los romanos), de los francos, que vencieron a los ismaelitas: y luego, de una raza del Norte cuya invasión precederá al reino personal del Anticristo. De allí en adelante será fundado un reino universal y caerá en manos de un príncipe francés, después de lo cual existirá el reino de la justicia durante un largo período de años. Aquí no nos interesa la profecía, pero es deseable señalar la diferencia entre la Magia buena y la Magia mala, entre el Santuario de los Hijos de Seth y la profanación de la ciencia por parte de los descendientes de Caín.


    De hecho, el cono-cimiento trascendental está reservado a quienes dominan sus pasiones, y la Naturaleza virgen no entrega las llaves de su cámara nupcial a los adúlteros. Hay dos clases: libres y esclavos; el hombre nace en la esclavitud de sus pasiones pero puede lograr emanciparse a través de la inteligencia. Entre los que ya son libres y los que aún no lo son no hay igualdad po-sible. El papel de la razón consiste en gobernar, y el del instinto en obe-decer. Por otra parte, si se impone al ciego el oficio de guiar a otro cie-go, ambos caerán en el abismo. Jamás debemos olvidar que la libertad no consiste en la licenciosidad de la pasión emancipada de la ley, pues esa licenciosidad se manifestará como la más horrenda tiranía; la libe-ración consiste en obediencia voluntaria a la ley; lo correcto es cumplir con el propio deber, y sólo los justos pueden llamarse libres. Ahora bien, los libres deben gobernar a los esclavos, y éstos están llamados a ser li-berados, no del gobierno de los libres sino del yugo de las pasiones, y como consecuencia de ello no pueden existir sin amos.

    Reconozcamos ahora, por un momento, la verdad de las ciencias trascendentales. Supongamos que realmente existe una fuerza que puede ser dominada y por la cual los milagros de la Naturaleza son sometidos a la voluntad del hombre. Digamos, en tal caso, si los secretos de la ri-queza y los vínculos de la simpatía pueden confiarse a la codicia brutal; si el arte de la fascinación puede confiarse a los libertinos; si la supre-macía sobre otras voluntades puede confiarse a quienes no logran gober-nar su propio yo. Es terrible reflexionar sobre los desórdenes que pueden sobrevenir de tal profanación; es necesario algún cataclismo para borrar los crímenes de la tierra cuanto todos están saturados de lodo y sangre. Ahora bien, este es el estado de cosas señalado por la historia alegórica de la caída de los ángeles, según El Libro de Enoc; este fue el pecado de Adán y estas son sus fatales consecuencias. Lo mismo ocurrió con el Diluvio y su destrucción; y en un periodo posterior, la maldición de Ca-naán.

    La revelación de las ciencias ocultas se caracteriza por la insolen-cia del hijo que exhibe la desnudez de su padre. La embriaguez de Noé es una lección para el sacerdocio de todos los tiempos. ¡Ay de quienes desnudan el secreto de la generación divina ante la vista impura de la muchedumbre! ¡Mantened cerrado el santuario, quienes queráis ahorrar a vuestro padre dormido la burla de los imitadores de Cam!

    Tal es la tradición de los hijos de Seth respecto de las leyes de la jerarquía humana; mas la familia de Caín no las reconoció. Los caini-tas de la India inventaron un Génesis para consagrar la opresión de los fuertes y perpetuar la ignorancia de los débiles. La iniciación se convirtió en privilegio exclusivo de las castas elevadas, y razas enteras de la humanidad fueron condenadas a interminable servidumbre so pretexto de nacimiento inferior: salieron, como se dijo, de los pies o rodillas de Brahma. Ahora bien, la Naturaleza no engendra esclavos ni reyes; todos los hombres nacieron, sin diferencias, para trabajar.

    Quien pretenda que el hombre es perfecto al nacer, y lo degrada y pervierte la sociedad, es el más salvaje de los anarquistas, aunque se trate del más poético de los maniáticos. Pero en vano Juan Jacobo fue un sentimental y un soñador: su honda misantropía implícita, al manifestarse a través de la lógica de sus fanáticos sectarios, dio frutos de odio y destrucción. Los arquitectos coherentes de la Utopía imaginada por su susceptible filósofo de Ginebra fueron Robespierre y Marat. La sociedad no es una personalidad abstracta a la que pueda respon-sabilizarse por separado de la testarudez del hombre; la sociedad es la asociación de hombres; es defectuosa en razón de sus vicios y sublime respecto de sus virtudes; pero en sí misma es santa, como la religión con la que está ligada inseparablemente.

    De hecho, ¿la religión no es una asociación de aspiraciones supremas y generosísimos esfuerzos? De esta manera, la blasfemia de la igualdad antisocial y del derecho en oposición al deber responde a la mentira sobre las castas privilegiadas por la Na-turaleza; sólo el cristianismo resolvió el problema al asignar suprema-cía a la abnegación y al proclamar como máximo a quien ofrenda su or-gullo en pro de la sociedad y sus apetitos por la ley. Aunque depositarios de la tradición de Seth, los judíos no la pre-servaron en toda su pureza, y se infectaron con las ambiciones injustas de la posteridad de Caín.



    Al considerarse pueblo escogido, juzgaron que Dios les había asignado la verdad más bien como un patrimonio que como una seguridad confiada para la humanidad en general. Junto a las sublimes tradiciones del Sepher Yetzirah encontramos curiosísimas reve-laciones entre los talmudistas. Por ejemplo no vacilan en atribuir la ido-latría de los gentiles al patriarca Abraham; dicen que éste legó a los israelitas su herencia, a saber, el conocimiento de los verdaderos Nom-bres Divinos; en una palabra, la Cabala fue propiedad legítima y heredi-taria de Isaac; pero el patriarca, como nos cuentan, dio algunos presentes a los hijos de sus concubinas; y por tales presentes entienden dogmas velados y nombres crípticos, que se materializaron rápidamente, transfor-mándose en ídolos. Falsas religiones y sus absurdos misterios, supersti-ciones orientales, con todos sus horribles sacrificios...



    ¡qué regalo de un padre a su desposeída familia!, ¿No bastó llevar a Agar con su hijo al desierto? ¿A su hogaza y vasija con agua debía añadirse el agobio de la falacia, como tormento y veneno en su exilio? La gloria del cristianismo consiste en que convocó a todos los hom-bres a la verdad, sin distinción de razas ni castas, aunque no sin distin-ción respecto de inteligencia y virtud. "No arrojéis perlas a los cerdos", dijo el Divino Fundador del cristianismo, "no sea que vuelvan sobre sus pasos, y os pisoteen y destrocen". El Apocalipsis o Revelación de San Juan, que abarca todos los secretos cabalísticos concernientes a la doctrina de Cristo Jesús, es un libro no menos oscuro que el Zohar. Está escrito jeroglíficamente con lenguaje de números e imágenes, y el Apóstol apela con frecuencia al conocimiento de los iniciados. "Quien tenga conoci-miento, entienda... quien entienda, cuente", dice con frecuencia, luego de pronunciar una alegoría o dar un número místico. San Juan, el dis-cípulo amado y depositario de todos los secretos del Salvador, no escribió, por tanto, para que le entendiera la multitud.


    El Sepher Yetzirah, el Zohar y el Apocalipsis son piezas maestras del ocultismo; contienen más significados que palabras; su método de ex-presión es figurado, como la poesía, y exacto, como las fórmulas numé-ricas. El Apocalipsis resume, completa y excede toda la ciencia de Abra-ham y Salomón, como lo demostraremos al explicar las Claves de la Cabala trascendental. No es menos asombroso observar al comienzo del Zohar la profun-didad de sus nociones y la sublime simplicidad de sus imágenes. Expresa lo siguiente: "La ciencia del equilibrio es la clave de toda la ciencia ocul-ta. Las fuerzas desequilibradas perecen en el vacío. Así pasaron los reyes del mundo prístino, los príncipes de los gigantes. Cayeron como árboles sin raíces, y su tumba no existe más.

    A través del conflicto de las fuerzas desequilibradas, la tierra devastada estaba vacía y amorfa has-ta que el Espíritu de Dios formó para sí un sitio en los cielos y redujo la masa de las aguas.

    Todas las aspiraciones de la Naturaleza dirigiéronse entonces hacia la unidad de la forma, hacia la síntesis viviente de las fuerzas equilibradas; la faz de Dios, coronada de luz, surgió sobre el vasto mar y se reflejó en sus aguas. Sus dos ojos se manifestaron, ra-diantes de esplendor, lanzando dos rayos de luz que se cruzaron con los del reflejo. La frente de Dios y Sus ojos formaron un triángulo en el cielo, y su reflejo formó un segundo triángulo en las aguas.
    Así fue re-velado el número seis, que es el de la creación universal." El texto, ininteligible en una versión literal, se traduce aquí a modo de interpretación.

    El autor aclara que la forma humana que atribuye a la Deidad es sólo una imagen de su significado y que Dios trasciende la expresión del pensamiento humano o la representación por cualquier fi-gura.

    Pascal dijo que Dios es un círculo, cuyo centro está por doquier y la circunferencia en ninguna parte. ¿Pero cómo imaginar un círculo aparte de su circunferencia? El Zohar adopta la antítesis de esta imagen paradojal y respecto del círculo de Pascal más bien diría que la circun-ferencia está en todas partes y el centro en ninguna.

    Sin embargo, com-para el equilibrio universal de las cosas con una balanza y no con un círculo. Afirma que el equilibrio está en todas partes y lo mismo ocurre con el punto central donde la balanza pende en suspensión.
    Así descu-brimos que el Zohar es más contundente y profundo que Pascal. Su autor continúa de la manera siguiente su sueño sublime: La sín-tesis de la palabra, formulada por la figura humana, ascendió lentamen-te y emergió del agua, como el sol al salir.

    Al aparecer los ojos, se hizo El gran símbolo cabalístico del Zohar la luz; al manifestarse la boca, nació la creación de los espíritus y se expresó la palabra. Al revelarse la cabeza entera, se completó el primer día de la creación. Surgieron los hombros, los brazos y el pecho; enton-ces empezó el trabajo.
    Con una mano, la Imagen Divina hizo retroceder al mar, mientras con la otra elevó los continentes y las montañas. La Imagen creció cada vez más; apareció el órgano generativo, y todos los seres empezaron a crecer y multiplicarse. La forma se puso de pie en toda su talla, con un pie sobre la tierra y otro sobre las aguas. Se con-templó integramente en el océano de la creación, respiró sobre su propio reflejo y convocó su semejanza a la vida.

    Dijo: "Hagamos al hombre", y así el hombre fue hecho. Nada hay tan bello en la obra maestra de ningún poeta como esta visión de la creación realizada por el prototipo de la humanidad. El hombre es tan sólo la sombra de una sombra; em-pero, es la imagen del poder divino. También puede extender sus ma-nos de Este a Oeste; recibió la tierra como dominio.

    Tal es Adán Kadmon, el Adán primordial de los cabalistas. Tal es el sentido en que es des-cripto como gigante; y es por ello que Swedenborg, asediado en sus sue-ños por reminiscencias de la Cabala, dice que la creación entera es sólo un hombre titánico y que estamos hechos a imagen del universo. El Zohar es una génesis de luz; el Sepher Yetzirah es una escalera de la verdad. Allí están expuestos los treinta y dos símbolos absolutos del lenguaje —que son números y letras.

    Cada letra produce un número, una idea y una forma, de modo que la matemática es aplicable a las formas y las ideas, incluso respecto de los números, en virtud de una proporción exacta y de una correspondencia perfecta. Mediante la ciencia del Se-pher Yetzirah la mente humana se arraiga en la verdad y la razón; explica todo el progreso posible para la inteligencia por medio de la evolución de los números. Así, el Zohar representa la verdad absoluta, mientras el Sepher Yetzirah proporciona el método de su adquisición, discernimiento y aplicación.

    El Enigma De La Esfinge

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